martes, 19 de febrero de 2013

SORPRENDIERON AL MAESTRO

Dos personas sorprendieron de manera extraordinaria a Jesús durante su ministerio en tierra santa, a continuación sus historias:

1. EL CENTURIÓN ROMANO : La escritura cuenta que entrando Jesús a la ciudad, el oficial vino a él rogándole que sanara a su criado quien estaba enfermo a punto de morir; Jesús no se niega y le dice: "Yo iré y le sanare".
De los dos centuriones mencionados en los Evangelios sólo uno era un oficial romano que pertenecía al ejército de Herodes destacado Cafarnaúm, este oficial encargado de la seguridad y el orden de la región formaba parte del aparato de inteligencia del estado, conocia por nombre y apellido cada uno de los integrantes de este cartel del cielo, conocia de sus prodigios y milagros. No ignoraba el trabajo del Maestro, conocía su autoridad sobre la enfermedad, la vida y la muerte.

Ante la disposición de Jesús de visitar a su criado quien estaba postrado en algún lugar distante, el centurión le manifiesta: “Porque soy un hombre en autoridad y bajo autoridad, y tengo a mis órdenes soldados; y digo a este: Vé, y va; y al otro: Ven y viene; Y a mi siervo: Haz esto y lo hace”. Y reconociendo su calidad de romano, pagano, indigno de recibir favores dijo: “Señor, no soy digno que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra y mi siervo sanará” (Mateo 8,9). Al oírlo Jesús, se maravilló de él y volviéndose dijo a la gente que le seguía: “De cierto os digo que ni aún en Israel he hallado tanta fé”. Entonces dijo al centurión: “Vé y como creíste, te sea hecho” (Mateo 8,13). Y su criado fue sanado en aquella misma hora.
Las palabras del centurión romano permanecen hasta hoy, pronunciadas cada dia antes de la Eucaristía, por la iglesia católica.

2. LA MUJER SIROFENICIA: Caminaba Jesús en Fenicia, por Sidón y Tiro, puertos cercanos a Galilea, fuera de los límites de Israel. Cuando una mujer vecina del lugar, clamaba a gran voz pidiéndole echar fuera al demonio que atormentaba a su hija, los discípulos le pedían despídela. La mujer exclamaba en su angustia ¡Señor Socórreme!, ¡Hijo de David, Ten misericordia de mi!.
Jesús se niega inicialmente a resolver la petición de la mujer diciéndole:“No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel, no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos” (Mateo 15,25). La mujer, según las escrituras, era de origen griego y nacionalizada sirofenicia , no tenia parte de las bendiciones del Maestro.
Ante tan despectivo símil, la mujer en su humildad y gran necesidad lo toma y le responde: “Si, Señor: pero aún los perrillos comen de las migas que caen de la mesa de sus amos”. El Maestro conmovido ante tal respuesta expresa: “Oh mujer, grande es tu fe, hágase contigo como quieres” (Mateo 15,28). La escritura dice que su hija fue liberada en aquella hora.

Tu puedes sorprender tambien al Maestro, aceptandole como tu salvador personal y encuentra un proposito maravilloso para tu vida.